Por el derecho a soñar y construir su territorio: Segundo Festival de la Niñez y Juventud Indígena Migrante

bankil/ diciembre 18, 2016/ Noticias/ 0 comments

En el marco del Día Internacional del Migrante y con el propósito de que niñas, niños y jóvenes indígenas migrantes fortalezcan su participación en la vida comunitaria e incidan social y políticamente como sujetos con derechos al arraigo y la movilidad libre e informada, Voces Mesoamericanas, Acción con Pueblos Migrantes, realizó el Segundo Festival de la Niñez y la Juventud Indígena Migrante “por el derecho de las niñas, niños y jóvenes indígenas migrantes a soñar y construir su territorio” el sábado 17 de diciembre en la Plaza de la Paz

Los colectivos de niñas, niños y jóvenes indígenas compartieron sus obras artísticas de fotografía, de teatro con el grupo Xchanel Kuxlejal, de cine con la película “La Libertad de Pati y Cuautemoc” y música en vivo.

Así mismo, como parte de una reflexión conjunta, los participantes del festival dieron a conocer la Declaración del Segundo Festival de la Niñez y Juventud Migrante, mismo que compartimos en esta publicación.

Como parte de las actividades, participaron invitados especiales como el grupo de teatro del Centro de Atención a la Familia Migrante Indígena (CAFAMI) y el rapero Azteck.

Compartimos la película antes mencionada y el la Declaración:

DECLARACIÓN DEL SEGUNDO ENCUENTRO DE NIÑEZ Y JUVENTUD MIGRANTE

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 16 Y 17  de diciembre de 2016

Aunque nos quieran enseñar que las fronteras nos separan, sabemos que en realidad las fronteras son espacios de encuentro, de reconocimiento y de integración. 

Esta es la palabra de 50 niñas, niños y jóvenes que llegamos al Segundo Encuentro de Niñez y Juventud Migrante en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Venimos de muchas comunidades en el campo y también de colonias en ciudades grandes, compartiendo el territorio antes conocido como Mesoamérica, frontera entre México y Guatemala. Nuestras comunidades están en los municipios de Chamula, Chenalhó, San Cristóbal de Las Casas, San Juan Cancuc, Simojovel y Zinacantán. También llegamos de San Francisco Tetlanohcan en el estado de Tlaxcala. Otras venimos de aldeas del departamento de San Marcos y de la capital de Guatemala. Somos parte de organizaciones como Jóvenes por el Cambio, o participamos en grupos y colectivos con organizaciones como la Coalición Indígena de Migrantes de Chiapas (CIMICH), Información y Diseños Educativos para Acciones Saludables (IDEAS), Seminario Intercultural Mayense, Sueniños, Pop N´oj, el Centro de Apoyo a la Familia Indígena Migrante (CAFAMI) y Voces Mesoamericanas.

Estamos muy contentos de encontrarnos y decir nuestros nombres de todas y todos, de decir nuestros pensamientos y lo que sentimos con el juego y actividades que nos gustan. Porque aunque somos de comunidades, municipios y países diferentes, tenemos muchas cosas en común: somos niñas, niños y jóvenes, nos justa jugar, soñar, aprender y vivir con nuestras familias. También hay muchas cosas que no nos gustan que se viven en nuestras comunidades y ciudades, como la violencia, la inseguridad, la contaminación y los problemas de las personas grandes. Miramos que también nos une nuestra raíz de pueblos mayas; aunque nos entendemos en español, casi todas y todos hablamos idiomas mayas de Chiapas y Guatemala. Por eso nos sentimos muy contentas y contentos.

Nuestro Encuentro sirvió para platicar sobre nuestros territorios y el derecho que tenemos a soñar un territorio mejor, el derecho a la esperanza. Sabemos que soñar es un derecho, pero que también es una responsabilidad porque se tiene que trabajar para llegar a los sueños, no se puede hablar y no hacer nada.

Miramos que nuestros territorios tienen límites, pero que adentro hay muchas cosas: montañas, ríos, animales, casas, edificios, caminos, personas que viven ahí, y otras que salen a trabajar, que migran. Aunque nos quieran enseñar que las fronteras nos separan, sabemos que en realidad las fronteras son espacios de encuentro, de reconocimiento y de integración.

Los territorios son más que lugares físicos, los territorios se viven, se hacen y se siembran. Ahí sentimos alegrías, tristezas, el amor a nuestras familias y a nuestros amigos. Por eso, tenemos derecho a tener, transformar, construir y vivir nuestro territorio: aunque no estemos ahí con nuestros cuerpos, pero sí estamos con el corazón. El territorio se lleva dentro de nosotros, por eso, miramos a nuestro cuerpo como un territorio que no está afuera. Nosotros no poseemos el territorio: somos el territorio.

Aprendimos que el territorio empieza en nuestro cuerpo, que ahí sentimos lo que nos gusta y lo que nos duele, ahí sabemos a quienes queremos, ahí tenemos sueños de cómo queremos vivir. Por eso, no podemos maltratar el cuerpo de las mujeres y las niñas, ni lastimarnos entre hombres. El territorio del cuerpo es para respetarlo y aprender a querernos.

También aprendimos que nuestros migrantes son parte de nuestros territorios, y aunque se tienen que ir a buscar el trabajo, están unidos a las comunidades por su cultura, porque ahí están sus raíces, porque se sienten parte de ellas. Miramos que la mayoría de nosotros tiene familiares y amigos que son migrantes; también nosotros hemos migrado a ciudades, unas más cerca y otras muy lejanas. Somos niñas, niños y jóvenes, pero ya sabemos lo que es la migración, lo que es el trabajo en otros lugares. Sabemos que migrar tiene desventajas, pero no dejamos de ser parte de la comunidad, no perdemos el derecho a vivir y soñar nuestro territorio.

Miramos que otros países se llevan las maderas, el oro y las riquezas de nuestros territorios. Que hacen los mapas para verse grandes y que nuestros países se miren pequeños. Pero sabemos que es al revés, porque los territorios son como nosotros los miramos y los construimos. Los territorios se defienden. Y se defienden desde nuestros cuerpos, se defienden con las familias y comunidades, con la unidad de los pueblos.

Tenemos una tarea importante y grande para nuestro próximo Encuentro, pensar con más niñas, niños y jóvenes lo que vamos hacer en nuestros grupos para llegar a esos sueños de nuestro territorio, para defender nuestro territorio con propuestas pequeñas y concretas que sí podemos realizar. Estamos aprendiendo a juntarnos, a jugar juntos, y a enseñarnos a mirar. Ahora todas y todos somos parte del territorio de los demás.

¡Tenemos derecho al territorio, tenemos derecho a tener sueños y esperanza, a sentirnos parte de él, a vivirlo y defenderlo para ser felices!

 

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