¡Bienvenida a Chiapas, Caravana por la Paz, la Vida y la Justicia!

bankil/ abril 6, 2016/ Noticias, Uncategorized/ 0 comments

Las luchas de los pueblos, unidos en la diversidad y ante la adversidad, tenemos un mismo desafío, el de contestar a la guerra común que nos adolece, guerra contra nuestros territorios, contra nuestros cuerpos, contra nuestro futuro común, contra el extranjero identificado como enemigo interno. A lo largo de la historia de la humanidad la guerra ha tenido un sólo significado, la de ser sinónimo de violencia impune. Como pueblos nos reivindicamos, no solamente deseando la paz, sino rechazando el olvido, cargando la memoria colectiva a cuestas, con amor y rabia, el amor a la vida y la rabia por sobrevivir a un sistema de violencias, construyendo en hermandad otras realidades para todas las personas y todos los pueblos en esta Madre Tierra.

Los responsables de las violencias que hoy denunciamos, unidos en una misma Mesoamérica, tienen rostro, apellido y fungen roles sociales específicos: son los funcionarios que aducen gobernar, son los criminales disfrazados de empresarios y conductores de las televisoras comerciales, son los funcionarios corruptos y los militares impunes, son los idólatras del desarrollo desde las organizaciones internacionales de financiamientos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Son los sistemas antidemocráticos en el poder, que se revelan de forma cada vez más clara en su simbiótica relación con el crimen organizado trasnacional.

Las mujeres migrantes que son violadas a diario en su ignominioso paso por México, los jóvenes atropellados y mutilados al ser asaltados en el tren rumbo a Estados Unidos, las amenazas y asesinatos contra los y las defensoras y luchadoras sociales, los despojos territoriales, los saqueos de los bienes naturales, la explotación laboral contra mujeres y hombres jornaleros y demás trabajadores, la privación de oportunidades de vida digna para la niñez y la juventud, la criminalización de la movilidad humana y de la protesta social, y otras muchas vejaciones contra los pueblos, tienen en común el hacer frente a la invasión militarista hacia nuestras vidas por parte de los grupos sociales que ambicionan el poder mediante la represión y el empobrecimiento sistemático de la mayoría de la población. Es este el trasfondo de la supuesta guerra contra las drogas, que pretende en los hechos dejar impune el abuso de la fuerza policiaca y militar, bajo el mando de un sistema racista, discriminatorio y represor.

Sin importar el tipo de migración, tanto el Estado mexicano como el Estado guatemalteco insisten en limitar o, en el peor de los casos, negar derechos que son independientes a las condiciones de legal estadía o tránsito por nuestros territorios.

A las y los migrantes que han tomado como destino nuestros países les son permanentemente negados los derechos a la salud, a la educación y al trabajo, condenándolos a perpetuar un ciclo de pobreza y exclusión social. Muchas de las y los migrantes que transitan por nuestros países son asesinadas, desaparecidas, secuestradas, vejadas y humilladas en los distintos corredores migratorios.

Las y los migrantes que regresan a sus comunidades, además de ser estigmatizados, se encuentran con múltiples obstáculos que les impiden incorporarse a sus localidades de manera productiva. Particularmente, nos preocupa las condiciones de las mujeres migrantes y los menores que, viajando acompañados o no, son vulnerables a situaciones que atentan contra su integridad personal y no podemos callar ante las amenazas y ataques sistemáticos contra defensores y defensoras de los derechos de las personas migrantes, como el Albergue “La 72” en Tenosique, Tabasco. Ante ello, manifestamos que ningún ser humano es ilegal y que la dignidad humana debe anteponerse ante cualquier documento migratorio. ¡Los derechos humanos desconocen de fronteras!

Como pueblos y como sociedad civil, construyendo puentes de solidaridad, resistencia y lucha, escuchando unas a otras nuestras voces, apreciando nuestras sonrisas cómplices, reivindicando conjuntamente nuestras causas y derechos, proponiendo nuevos caminos hacia otras formas de pensamiento, de saberes y de convivencias, enraizando nuestro amor y nuestra rabia en una misma Mesoamérica, trascendiendo las fronteras impuestas; lograremos derrocar a la guerra, tenga el nombre y pretexto que pretenda justificarla. Para los pueblos no existe ninguna guerra que sea legítima.

Parafraseando a Pepe Mujica del Uruguay, la violencia es la manifestación del miedo de aquellos en el poder por perder sus privilegios. Berta Cáceres desde tierras Lencas, Daniel Pedro Mateo desde territorios Q’anjobales, el profesor Galeano desde el sur de México, y muchas otras personas que nos acompañan y nos inspiran nuestros pasos, nos dejaron sus palabras, su dignidad rebelde, sus saberes y sus sonrisas, nos dejan la sangre hermanada, nos abren un mismo cauce de lucha, y nos otorgan muchas semillas para el germinar de las conciencias. Berta Cáceres, Alma de los Ríos, nos enseña, “si la amenaza es global, entonces la resistencia y lucha debe también ser global”.

 

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