El pasado se nos hace presente y nos permite soñar el futuro. Narrándonos y teatrándonos en el Cuarto Encuentro de la Escuela de Mujeres Indígenas Migrantes

bankil/ marzo 23, 2016/ Noticias, Uncategorized/ 0 comments

Las estrellas no se pueden contar dijo Paty

¿Por qué? pregunta Cinthia

Teo contesta: pues porque son muchas…

Marzo2016

 

Han pasado 62 días desde que nos encontramos todas juntas en la Lago durante el pasado Encuentro de La Escuela de Mujeres; en estos días nos ha pasado mucho; mañanas, tardes, noches, muchos soles se metieron, muchas lunas salieron, agua del cielo sentimos darle de beber a la tierra, el viento nos sopló fuerte; hemos pasado y paseado con la vida, acompañándola y acompañándonos.

Volvimos a salir a divertirnos y a construir en comunidad, a escucharnos y a que nos escuchen, a aprender y a enseñar a aprehender la vida. Y no es que no saliéramos en este tiempo, sino que salir al encuentro de nuevo con los rostros de nosotras las mujeres  de la Escuelita nos alegra el corazón.

Llegamos muchas y aunque extrañamos a las que no pudieron venir las tenemos presentes y las recordamos. Nuestra amiga Ana vino de Tapachula, nos invitó a jugar a ser curiosas, a ver con los ojos cerrados, a adivinar donde estaban los tenis verdes con flores. De pronto teníamos que ser reporteras y tener mirada profunda para preguntarnos cosas cuando saliéramos al paseo. Ahora nos pusimos nombres de dulces, estábamos las cacahuatas, las paletas rojas, las paletas amarillas y las todas; nos miramos y nos reconocimos, nos presentamos y nos alegramos; nos pusimos de acuerdo para ir tomando fotos como reporteras que somos.

Y así entre presentaciones, risas y sueños, junto a Mérida, Marcelina, Chelita, Minga, Yola, Ange, Lucía, Micaela…, nos trepamos a unas camionetas para encontrarnos con el pasado que se encuentra metido en un museo. Nos dispusimos a disfrazarnos sin disfraces, fuimos por un breve instante reporteras para poder dialogar de tú a tú con el tiempo, para preguntarle y cuestionarle, para asombrarnos y preguntarnos cómo éramos antes, cómo fueron los materiales con que nos vestimos, cómo fueron los colores que usábamos, cómo fueron las tierras por las que caminamos.

Entre fotos, pasos, caras de asombro, cuestionamientos y conocimientos… el tiempo transcurría entre las paredes del museo, conocimos la historia de señores como Fray Bartolomé de Las Casas, Santiago Matamoros; la fundación de Jovel; el uso, importancia y significado de las aves como el Quetzal, el Tucán, el colibrí, la guacamaya; vimos las armas de las Conquista militar, las formas como los mayas de antes enterraban a sus muertos.

Vimos nuestras ropas exhibidas en vitrinas, lo cual nos hizo preguntarnos muchas cosas y  así recordar a nuestros pueblos, a nuestras mamás y abuelitas, a hacer memoria de cómo fueron cambiando nuestras blusas y nahuas; recordamos historias y contamos otras tantas.

Hubo el tiempo de salir de ese lugar y caminar un poco por el mercado de artesanías de Santo Domingo, nos fuimos admiradas, pero con un mar de preguntas porque al estar de frente con el pasado en un lugar tan del presente nos deja con más dudas que respuestas.

Al regresar de este viaje nos volvimos a juntar los grupos de dulces que fuimos  y nos pusimos a darle paso a la narrativa, para escribir nuestra historia, para decirle al pasado y al presente aquí estamos para contar-nos, para re-construirnos. Para preguntarnos por qué cambió y qué consecuencias ha tenido en los pueblos indígenas de donde venimos.

Entre narrativa y narrativa el día se fue haciendo noche y le dimos paso al otro tipo de  imaginación y creatividad, hicimos a un lado el lápiz y el papel para la creación con las manos, al disfrute del cuerpo, “a echar el chal” conjugado de colores, entre los hilos, la agujas, los cierres, las telas y los botones, le dimos rienda suelta a nuestro ser sentipensante, para crear nuestra almohada pachona, con ojos saltones, boca de cierre y orejas curiosas. Creamos con las manos  como ya lo hemos hecho otras veces con nuestra libreta, con nuestros aretes, con nuestra cajita de los deseos…

Otro día nos esperaba para seguir construyendo, para seguir acuerpándonos, para seguir dialogando, no sólo con nuestras bocas, sino seguir dialogando con nuestros cuerpos  y con ellos ir re-construyendo la vida, -nuestras vidas-. Llegaron amigas de Guatemala a compartirnos estos diálogos con el cuerpo, nos volvimos a tapar los ojos para convertirnos en mujeres árbolas, en mujeres ramas, en mujeres viento; fuimos movimiento, nos hicimos una y fuimos todas, vimos sin ver y fuimos risas que viajaban con el tiempo. Y es en ese tiempo del teatro que nos tocamos, nos acariciamos como el viento acaricia a las hojas, al árbol, a las flores, a las personas, a los animales, pensando que en ello se está acariciando a la vida misma.

Así fue como nos adentramos al mundo del teatro, -unas por primera vez, otras no tanto-. Hubo momentos en que nos costó un mundo, sin embargo, con el pasar de la horas nos fuimos acomodando y fluimos como fluye el agua en el río; porque fuimos todas juntas, todas libres…

Teatreando nos dio por bailar mucho, bailar con las miradas, con las orejas, con los gestos, con el cuerpo, con el asombro… ¡inevitablemente nos reímos mucho! porque nos lo tomamos a juego para poder disfrutarlo, para poder aprehenderlo, porque nuestras vidas son demasiado enserio para tomarlas sin juegos, por eso reímos tanto, porque queremos hablar aun sin hablar, porque nuestro cuerpo grita, nuestras manos gritan, nuestra risa quiere ser ensordecedora.

Entre risa y mover el cuerpo recordamos nuestras malas hierbas para hacerlas obras de teatro mudo, luego pensamos cómo era ser mujer en nuestras comunidades y de eso hicimos canciones. Nuestras canciones relataban lo que nos han enseñado, que somos mujeres con dignidad, pero que también  nos han mentido, que nos han cortado a veces los sueños, que nos enseñaron que sólo podíamos hacer algunas cosas. Al presentar nuestro teatro y nuestras canciones  -que al final es nuestra vida- pensamos que también representamos las vidas de muchas otras mujeres en Chiapas, México y el mundo.

A veces lloramos por lo que nos pasa, a veces nos confundimos porque no sabemos qué maltrato aguantar más, porque hay violencia en muchas casas, en muchas calles, en muchas partes. Al nombrarlo y pensarlo juntas también nos damos cuenta que no estamos solas y que de a poquito estamos luchando por un mundo mejor para todas; porque aunque hay dolores, tristezas y llantos, también podemos encontrar-nos alegrías, caminos, sueños, futuros, amistad, sororidad… así la pasamos estos días en nuestro cuarto encuentro de Sjamel jol ko´ontontik li antsotike, vamos abriendo la mente y el corazón, teniendo la certeza de que nos seguiremos viendo porque hay mucho que compartir, platicar y  disfrutar luchando.

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