"Sean capaces de seguirlos y alcanzarlos más allá de las fronteras" El Papa Francisco y las personas migrantes

bankil/ febrero 16, 2016/ Noticias, Uncategorized/ 0 comments

 

La presencia del Papa Francisco en San Cristóbal de Las Casas tiene un carácter histórico y un significado muy profundo para los pueblos y comunidades originarias de Chiapas y de todo México. Se trata de un estado de frontera no sólo en términos de límites geográficos con los países centroamericanos, sino por las “situaciones límite” de exclusión histórica y rezago social que vive su población, y que explica la emergencia desde los años setenta de importantes movimientos sociales por la tierra, la autonomía y los derechos básicos; algunos de ellos -como el EZLN- han tenido repercusiones más allá de lo local.

Homanaje a Tatik Samuel Ruiz García.  Foto: CDH Fray Bartolomé de Las Casas

Homanaje del Papa Francisco a Tatik Samuel Ruiz García. Foto: CDH Fray Bartolomé de Las Casas

El Papa Francisco abrazó las causas del Tatik Samuel Ruiz García (1924-2011), quien fue obispo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, y sigue siendo pastor de los pueblos indígenas e inspiración de muchas mujeres y hombres que creen en la posibilidad de una iglesia sencilla que renazca en el corazón del pueblo oprimido.

Del Papa Francisco se espera mucho; ser comprometido con las víctimas de la violencia política y social, ser profético en el anuncio y también en la denuncia de problemáticas graves que lastiman al país y a quienes transitan por su territorio. Además de responder a tantas expectativas y demandas explícitas de sectores sociales, la visita debe limitar los “usos mediáticos” dados por el gobierno federal y del estado de Chiapas en las últimas semanas, con el propósito de apuntalar a personas y grupos en el poder.

Conscientes de todas las dificultades y tensiones que implica cada una de las acciones realizadas durante la visita pastoral a nuestro país, Voces Mesoamericanas reconoce que las migraciones y las personas migrantes están presentes en las palabras y gestos del Papa Francisco. En su discurso ante obispos en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México (13 de febrero de 2016), valoró los esfuerzos que se realizan “para afrontar el desafío de nuestra época representada en las migraciones”. Llamó a reforzar la colaboración con el episcopado estadounidense; y también a reconocer el sufrimiento de quienes dejan sus tierras y familias para transitar en la clandestinidad rumbo a la “tierra prometida”, donde enfrentan el despojo de su condición humana -reducida a fuerza de trabajo desechable-, y un difícil proceso de integración[1]

Al día siguiente en Ecatepec, estado de México, se refirió a las y los migrantes mexicanos, convocando a las personas presentes a trabajar en todas las iniciativas que generan arraigo y hacen de nuestro país una tierra de oportunidades, “Donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos.”[2]

Ayer lunes 15 de febrero, en el CEDEM de San Cristóbal de Las Casas, frente a miles de personas provenientes de comunidades indígenas, criticó la exclusión sistemática y estructural de los pueblos indígenas. Las condiciones de desigualdad y precariedad en la región de Los Altos explica que las altas tasas de emigración de su población a otros estados del país y a los Estados Unidos. En Chiapas y los estados del sur-sureste se implantan políticas, programas y mega-proyectos que despojan a los pueblos de sus territorios, y provocan desplazamientos forzados. Denunció a quienes, “mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban”.[3]

Compartimos el testimonio de Carlos Díaz sobre la visita del Papa Francisco a la ciudad de San Cristóbal de Las Casas:

En una de esas tantas madrugadas neblinosas en estas tierras del sureste mexicano, nos encontramos personas de distintos colores y geografías, que ya sea por la fe, el amor, la duda o la incertidumbre, nos juntamos para ver al Papa Francisco, para escucharlo y escucharnos, para sentir con él la fe inquebrantable de un pueblo que lucha día a día desde hace más de 500 años.

Mujeres, hombres, niños y niñas, nos vimos reflejados y abrigados entre filas que se perdían en los pasos del mundo, nos mirábamos con emoción, nos reconocíamos sin conocernos, nos acuerpamos y nos abrigamos ante la incertidumbre de no poder llegar a verlo. Y así, la madrugada se fue haciendo mañana y la mañana se fue haciendo día, luz de día, no sólo por el hecho de poder ver y escuchar al Papa Francisco, sino de poder vernos a nosotros y a nosotras mismas, pues no podríamos ser sin lo que el otro y la otra son.

Y así, el tiempo se convirtió en nervios, emociones y suspiros conjugados en miles de colores en los pies y manos de este pueblo indígena, que escuchaba aun sin escuchar lo que el Papa Francisco pronunciaba a lo lejos de muchas miles de personas, que desveladas y con muchas horas a cuesta en su andar continuo, se quedaban afuera del recinto sagrado, pero esto mucho no importó, porque lo pudimos ver aunque sea un instante en las calles cotidianas de este pueblo, entre el arcoíris de la gente, ya que el vivir y el compartir con la mirada, con la escucha, con los gritos y los silencios, con el pueblo de a pie, nos hace darnos cuenta que la fe y el amor si no son compartidos, no sirven de mucho.

Así pues, salimos a caminar con la huella firme, a vernos y a que nos vieran en nuestra casa común, fuimos parte de un mundo que excluye y que desvaloriza lo que somos, nos nombren o nos nombremos indígenas, proletarios, migrantes, campesinos, mujeres, hombres, nadies, pues como nos dijo sin decirnos el Papa Francisco “Muchas veces de modo sistemático y estructural sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir ¡perdón! ¡Perdón hermanos! El mundo de hoy despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes”.

Nota: Para conocer más de la historia migrante del Papa Francisco, y sobre su pensamiento y opción decidida por las personas migrantes en el mundo, adjuntamos las diapositivas y texto elaborados por el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM-México): El Papa Francisco y los Migrantes

Diapositivas: El Papa Fco y los Migrantes

Texto: El Papa Franscisco y los Migrantes

 

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