En Chiapas también el pueblo se organizó para exigir justicia y aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa

bankil/ septiembre 29, 2015/ Noticias, Uncategorized/ 1 comments

"Nos faltan 43", El Carmen, San Cristóbal de Las Casas.

“Nos faltan 43”, El Carmen, San Cristóbal de Las Casas.

El 26 de septiembre se cumplió un año en que 43 jóvenes estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron desaparecidos forzadamente, tres normalistas y tres personas más ejecutadas extrajudicialmente y más de 20 heridos como resultado del ataque en su contra a manos de policías municipales de Iguala y Cocula, y ahora se sabe, en complicidad con la policía estatal, federal y el propio ejército mexicano.

Mural colectivo en el parque central de San Cristóbal de Las Casas.

A un año, la ciudadanía en todo el mundo, manifestó la solidaridad y cariño con los familiares de los 43 normalistas. En Chiapas también el pueblo se organizó para exigir justicia y aparición con vida de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Isidro Burgos, de Ayotzinapa Guerrero. En una sola voz se exigió al gobierno mexicano una investigación transparente, la localización de los jóvenes con vida y castigo a los responsables.

En Chiapas participaron estudiantes, colectivos, activistas de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil y población en general. También se sumaron las bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional que hicieron actos públicos en las comunidades de influencia zapatista.

A la convocatoria para la Acción Global por Ayotzinapa #AcciónGlobalAyotzinapa se sumaron diversas participaciones alrededor del mundo, las cuales se puede apreciar en esta liga: http://masde131.com/2015/09/a-un-ano-de-ayotzinapa-el-reclamo-de-justicia-sale-a-las-calles/

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Marcha-mitín en San Cristóbal de Las Casas.

Para la reflexión com  partimos el texto “Desaparecidas las palabras, no los muchachos” que nos envía la activista argentina Claudia Karol.

Creíamos que la palabra desaparecido, y que la palabra desaparecida, habían desaparecido como amenaza en nuestro horizonte presente. Creíamos que eran palabras que llegaban como ráfagas de malos recuerdos de tiempos del horror. Creíamos que podían desaparecer de nuestro lenguaje actual.

Las personas no desaparecen, nos decíamos. La historia no desaparece, nos decimos.

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Marcha-mitín en San Cristóbal de Las Casas.

La memoria recupera fragmentos de las vidas vividas y compartidas de los y las que nos arrebataron. Pero hoy –creíamos- ya no nos iban a seguir rompiendo en pedacitos como entonces.

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Marcha-Mitín en San Cristóbal

Cuando Julio López desapareció por segunda vez, volvimos como si fuéramos amnésicas, amnésicos, a decir que no podía ser.

Cuando desde Ayotzinapa nos dijeron que 43 estudiantes normalistas están desaparecidos, no podíamos creerlo. Aunque cada 16 de septiembre marchamos por los pibes y las pibas de la llamada “Noche de los Lápices”, no creíamos que siguieran desapareciendo estudiantes.

Acción Global Ayotzinapa (2)

En Ovetík, la comunidad zapatista de la Región de Los Altos de Chiapas.

Creer el horror es empezar a naturalizarlo. Pero el horror regresa 43 veces desde México… y nuestras creencias se desgarran.

Hace ya un año que los muchachos no están. El mundo se estremece y no cree, pero ellos siguen ausentes. Nos faltan, hace ya un año, todos los días.

 Creíamos que ya no nos desaparecían. Pero en todo el mundo, las redes mafiosas de trata y de prostitución siguen desapareciendo muchachas. Nosotras no creemos que tantas mujeres puedan desaparecer en nuestras narices, pero sucede. La mayoría son pibas pobres. Muchas son migrantes. Las pibas que nos van arrebatando son, en su mayoría, las que no tienen nada. Las nadies, diría Eduardo Galeano. Las hijas de nadie.

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Estudiantes y sociedad civil en Las Margaritas.

Fue México el lugar de la primera herida. O tal vez no fue la primera herida. Fueron los primeros gritos. Fue Ciudad Juárez el primer grito de alerta para hablar de feminicidios, y aparecer una nueva palabra en nuestro lenguaje horroroso.

Mirar a México, es mirar a un laboratorio donde el terror se instala con la fuerza de las ausencias. El narcoestado marca a fuego su huella, arrasando nuestras subjetividades, nuestros sueños, nuestras creencias.

Pasó un año desde la desaparición de los muchachos de Ayotzinapa. Los seguimos buscando. Volvemos a pronunciar, aunque no las creamos, las palabras desaparecidas, desaparecidos. Volvemos a escribirlas, a gritarlas.

Las decimos en Ayotzinapa, en Ciudad Juárez, en La Plata con Julio López en nuestra memoria indignada. Las decimos con Marita Verón, con Paulina Lebbos, con cada piba que nos falta, con cada pibe que nos matan.

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Stencil por los 43 en los andadores de San Cristóbal

Nombramos la palabra desaparecidos, desaparecidas, con la misma incredulidad de siempre. Porque no vamos a acostumbrarnos, porque no vamos a repetirla sin que cada letra se subleve en nuestra garganta. No vamos a acostumbrarnos.

No creemos que las personas desaparezcan. Por eso no vamos a cansarnos de buscarlas. Y también vamos a buscar a los desaparecedores, hasta encontrarlos y que se haga justicia. Hasta que hagamos justicia. Vamos a denunciar y a juzgar a los asesinos de todos los tiempos.

No creemos que puedan desaparecer las personas. No creemos que el espanto vaya a ganar la partida de la humanidad.

No se trata de poca fe. Aprendimos con los años que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Aprendimos que nuestras vidas, nuestros sueños, crean las posibilidades que el poder nos niega. Aprendimos a no olvidar, a no perdonar, a no reconciliarnos. Y ¡suerte que no nos reconciliamos! porque nos vuelven a desaparecer.

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Proyección de la película “Ayotzinapa, crónica de un crimen de Estado” en el centro cultural El Paliacate.

Aprendimos que cuando se trata de nosotras, de una, de otra, estamos todas. Aprendimos que no alcanza con el Nunca Más, ni con el Ni una menos.

Que esos gritos son apenas el punto de partida de nuestro andar, de nuestro camino, de nuestra rabia, de nuestra rebeldía, de nuestra búsqueda.

No creemos que los pibes y las pibas desaparezcan. Las palabras desaparecidas tampoco alcanzan a nombrarlos. No queremos monumentos. No queremos congelar la memoria. No nos acostumbramos al rosario de ausencias. No queremos perdones ni bendiciones para nuestras lágrimas.

Seguimos caminando, como esas madrecitas que todavía rondan las plazas arrastrando los pies.

Sacamos coraje del dolor, indignación de la rabia, rebelión del miedo. Los buscamos. Las buscamos. Hasta encontrarlos ¡siempre!

 

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  1. Pingback: Chiapas: Actions for the one-year anniversary of the Ayotzinapa disappearances | SIPAZ Blog

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